Hace unas semanas iba manejando mi carro de 5ta generación (dueño inicial – mi madre- mi hermana – mi hermano y yo), estaba detenida cuando escuché una voz que decía: “Tú ere´muy bonita, pero ese carro tuyo e´muy FEO”. Era una jovencita sentada en un colmado, obviamente con poco oficio y una alta capacidad de ejercer su libre opinión. Por un momento me dio mucha risa, pero después de un rato, verificar el abollao en el lado derecho del carro, el hoyo por donde recibo aire extra en los pies, y la piel que lentamente rinde sus fuerzas, dudé de mi fiel aprecio hacia mi carro.
En fin, estoy agradecida por la reliquia, me lleva a todos los lados, pero no dejé de pensar, cuanto la presión social en todas sus presentaciones y las expectativas de los demás, incontables veces nos llevan a la amargura, la frustración, a perforar nuestra autoestima, sentido de la vida y muchas veces a desviar nuestras miradas de lo que realmente queremos o valoramos, hacia lo que los demás quieren y valoran.
La teoría del Desarrollo Humano desarrollada por Amartya Sen, explica que el DH es “la expansión de las libertades REALES de las personas para ser o elegir aquellas cosas que valoran”. El concepto tan atrayente y muchas ambiguo de la libertad, viene acompañado por la palabra “real” que se refiere a una libertad que tiene que ser tangible, basada en opciones y oportunidades que permitan a las personas desarrollarse. Mientras la presión social es un proceso natural y que siempre acompañará nuestra sociedad y vidas, vale la pena, analizar:
1. ¿Qué es lo que yo valoro? Y ¿por qué?
2. ¿Qué es lo que yo deseo?
3. ¿Cuáles son las presiones que puedo identificar que me influyen a desear otras cosas?
4. Y finalmente, ¿Cómo balanceo lo que yo deseo con l@s demás desean de mi y para mi, que proteja mis intereses y no obstruya el respeto hacia los demás?
Sobre todo la presión que viene de nuestros familiares y amigos reales, tiene un propósito de protección, de guianza, lo cual es completamente válido. Sin embargo, el proceso de crecer en la vida y ser independiente incluye muchas veces el buscar quienes realmente somos y que queremos, ignorando parcialmente las voces que puedan empañar o confundir dicho proceso. Y aunque suene cliché es cierto que cada cosa que nos pasa –ya sea producto de nuestras propias decisiones, de la ley de murphy o de la vida- tiene un propósito.
En el marco de este análisis, -que no quiere de ninguna forma justificar ni aplaudir el laissez faire, conductas indiferentes, e irresponsables- lo único que quiero expresar, es que no quiero ser infeliz, si no cambio mi carro, si no tengo una maestría en Arkeshus, si nunca me caso, si me caso y me divorcio, si no tengo una casa propia a los 30…. Quiero aprender a ser feliz con los detalles, con el agradecimiento, con mis propias limitaciones, con mi día a día, con los logros de los demás, con las alegrías y tristezas, con la abundancia y la escasez, con las respuestas y los vacíos….
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